Egin: periodismo indígena
      es un artículo del miembro de la RED VASCA ROJA Alfontso Mtz. Lizarduikoa publicado en EUSKADI INFORMACION el 8 de septiembre de 1998.


      Egin: periodismo indígena

      Alfontso Mtz. LIZARDUIKOA / Filósofo e Ingeniero

      Pasado un cierto tiempo desde el cierre de Egin, ya nadie duda del carácter político de la impresentable medida, ni del deseo expreso por parte de Madrid de hacer daño a la izquierda abertzale; sin embargo, quisiera ahora reflexionar sobre un aspecto del cierre que está íntimamente unido al pavor que todo lo vasco produce en España, y en el que Egin ha jugado un papel fundamental. Y por eso, también, lo han cerrado.

      En estos tiempos de final de siglo, cuando distintas disciplinas científicas vislumbran cada vez con mayor claridad las profundas raíces e implicaciones de la cultura vasca en el origen cultural y civilizatorio de la Europa primigenia, a los españoles les produce pavor e incredulidad el atisbar cómo este pequeño pueblo, al que desean ver muerto, fue durante más de 25.000 años el motor cultural de gran parte de Europa y del norte de Africa, y que sin él los europeos (incluidos los españoles) jamás podrán llegar a acceder a la comprensión intelectual y vital de sus orígenes. En España prefieren apuntarse sólo a la segunda parte de nuestra historia, en la que a partir de las invasiones indoeuropeas nuestro continente lingüístico y cultural fue brutalmente mutilado y reducido a esa mínima expresión que hoy conocemos como Euskal Herria. La minorización continua de aquel mundo de raíces vascas se dio sin tregua temporal y nos convirtió a los vascos, muy a pesar nuestro, en los últimos indígenas del continente europeo.

      Como muchos otros pueblos indígenas de nuestro planeta, hemos aprendido a ser extranjeros en una tierra robada y gestionada por el invasor; hemos aprendido, también, a refugiarnos en ese cosmos que es el euskara, reducto clandestino del pensamiento de los últimos supervivientes de aquella Europa masacrada; hemos tenido que asumir la explotación económica de un sistema que ha institucionalizado el robo como ley; en fin, nos hemos acostumbrado a ser seres de segunda, sin ningún tipo de derechos, torturados, humillados y encarcelados por defender nuestra mutilada identidad. Pero como otros pueblos indígenas, hemos aprendido también a luchar, inventando métodos muy originales de resistencia. Frente a la ocupación del territorio hemos trasladado la patria a la lengua (mucho más difícil de conquistar en términos de dominación material). Frente al analfabetismo impuesto a la población hemos sido capaces de generar nuestras propias escuelas vascas. Frente a la alienación cultural han surgido redes autónomas de creación y comunicación cultural. Frente a la dominación económica, Euskal Herria, pueblo colectivista donde los haya, ha sido capaz de erigir un potente ejército cooperativista. Frente a la dominación militar hemos respondido con la guerrilla urbana... y todo ello sobre una base que raya en la ilegalidad, ya que aquí la única legalidad es la del poder, a la que se adjudica además la categoría de única realidad. El mundo vasco, como ocurre con todas las culturas indigenistas reprimidas, es, por tanto, un mundo clandestino, invisible, que ¨está pero no es¨.

      Pues bien, Egin (otra de las obras de ingeniería social de este pueblo singularmente creativo) ha sido un órgano de expresión que durante 20 años ha convertido en real (es decir en visible para el enemigo) ese mundo del pensamiento y del ser clandestinos vascos. Desde esa lengua milenaria, que en la medida en que se habla, se escribe y se lee, desarma y alarma a nuestros enemigos, hasta las múltiples expresiones de creatividad de un mundo que se divierte, ama, lucha y trabaja, desde unas coordenadas radicalmente diferentes a las del poder dominante; todo ello se ha reflejado en nuestro periódico y es por esto que podríamos definir a Egin (sin olvidar Egunkaria) como el único periódico indígena de Europa, el periódico de un pueblo milenario, cansado de vivir en la clandestinidad y que exige el derecho a la existencia dentro de la realidad (de ellos). La respuesta no ha podido ser más elocuente. Prefieren no vernos, y pensar que así no existimos, resolviendo así su contradicción por la vía rápida del genoci dio.

      Posee gran contenido semántico aquella famosa frase de la derecha fascista cuando proclamaba que ¨Antes una España roja que rota¨. Profunda reflexión que confirma que les asustamos, que estamos más vivos, que somos más humanos y tenemos más futuro que su podrido sistema y su democrática violencia, y que nos necesitan, porque sin nosotros no pueden ser ellos, esfumándoseles ese sueño vaporoso que es España. Pero en el aforismo de la derecha antes citado se explicita también otra profunda verdad y es la de que para el poder la izquierda (marxista, socialista, comunista y roja) es un enemigo al que hay que combatir, pero con quien llegado el momento se puede negociar, ¨se puede uno entender¨ (como bien se ha encargado de demostrar la transición posfranquista). Con los indígenas, sin embargo, no se puede transigir. Su lucha no es sólo economicista, su enfrentamiento es civilizatorio, no poseen el mismo lenguaje ni la misma lógica que el poder, y por ello son difícilmente controlables. O ellos o nosotros. Como decían los viejos revolucionarios ¨Patria (libertad) o muerte (genocidio)¨. No hay términos medios. Pues bien, Egin ha sido vehículo de ese espíritu aborigen insurgente durante más de 20 años. Y eso es más de lo que el poder podía soportar.

      Ellos, cerrando Egin, han dado un paso más en su línea genocida contra el pueblo vasco, pero el movimiento popular reaccionó de inmediato construyendo nuevos proyectos, e incluso mejorando los anteriores. Y es que no pueden entender que los pueblos indígenas poseemos dos materias primas básicas que, inteligentemente explotadas, nos hacen invulnerables: el tiempo y la solidaridad intergrupal. No lo habéis conseguido. ¡Egin vive cabrones!

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